En febrero del año 2012, un hombre de Carolina del Norte que se encontraba en casa de un amigo, observó un frasco que contenía un misterioso líquido. Pensando que era una bebida alcohólica, se sirvió un trago considerable.

Entonces notó que lo que había ingerido era gasolina, que su amigo, de profesión mecánico, tenía cerca del fregadero para eliminar la grasa de las manos. Inmediatamente escupió el líquido, y para recuperarse de la conmoción, encendió un cigarrillo, lo que provocó una rápida combustión que le carbonizó.

Este relato forma parte de los datos que, sobre los ganadores de los 20 últimos años de los Premios Darwin, acaba de publicar la revista British Medical Journal. Se trata de unos galardones que premian las muertes más absurdas, y cuyos destinatarios han sido mayoritariamente hombres.

Según los autores de la publicación, los resultados de la historia de estos premios, abiertos a todos los grupos étnicos, culturas y grupos socioeconómicos, vienen a concluir que los hombres son “más idiotas” que las mujeres.

Y es que los ganadores del premio deben morir de una manera tan estúpida que “su acción garantiza la supervivencia a largo plazo de la especie” ya que, dicen los organizadores de los premios, al fallecer, no llegan a transmitir sus genes a generaciones futuras y la especie humana mejora.

El Comité que otorga los premios Darwin intenta hacer una clara distinción entre las muertes “idiotas” y las accidentales. Por ejemplo, es poco probable que se conceda a las personas que se pegan un tiro en la cabeza tratando de demostrar que un arma está descargada. Esto –dicen– ocurre con demasiada frecuencia y se clasifica como un accidente.

Por el contrario, alguien que se dispara en la cabeza para demostrar que un arma está cargada, puede ser elegible para un premio Darwin, tal es el caso de un hombre que se disparó en la cabeza con un arma “bolígrafo espía” para mostrar a su amigo que era real.

CASI 300 GANADORES FRENTE A 36 GANADORAS.

Los investigadores han contado los ganadores de estos curiosos premios que, obviamente se entregan a título póstumo, desde 1995 hasta 2014, y los hombres parecen los más proclives a morir de forma estúpida, con 282 galardones, frente a 36 ganadoras femeninas.

Esto supone que los varones constituyen el 88,7% de los ganadores de estos premios, y esta diferencia de sexo es estadísticamente muy significativa, según los autores.

Así, entre los ganadores destaca un hombre que quiso sacar fotos a unos paracaidistas acompañándoles en su caída, pero olvidó ponerse uno él también; o un terrorista que mandó una carta bomba, pero no puso sellos suficientes. Al recibir devuelta la carta, no dudó en abrirla y murió por la explosión.

Con estos y otros ejemplos, cabría deducir que tampoco es tan fácil obtener uno de estos galardones, que aunque parezcan de broma, tienen unos requisitos muy estrictos.

En concreto se establece que el candidato debe causarse la muerte o la esterilidad a sí mismo. Además el fallecimiento debe ser producto de una asombrosa falta de sensatez, aunque la persona debe estar en su sano juicio. Y por último, el acontecimiento no puede ser falso. Aunque esta parte es la más difícil de verificar.

En algunas ocasiones, para conseguir el premio hay que poner bastante empeño. Es el caso, según relata la agencia Sinc, del francés Jacques LeFrevier, quien en 1989 quiso quitarse la vida.

Para asegurarse de que podría lograr este objetivo, utilizó tantos elementos como le fue posible: bebió veneno; se ató una soga alrededor del cuello y la ató a una roca. Después se incendió la ropa, saltó a un acantilado y mientras caía, se disparó a la cabeza.

Pero calculó mal y rompió la soga del balazo. Después cayó al mar, y el agua apagó las llamas. Con todo ello, terminó vomitando el veneno. El hombre fue rescatado con vida y trasladado al hospital. Al final murió de hipotermia.

LIMITACIONES.

Sin embargo, el estudio tiene sus limitaciones. Los investigadores sostienen que las mujeres pueden ser más proclives a inscribir o votar a los candidatos masculinos, o que muchas veces los resultados dependen de la ingesta de alcohol, en la que también existen diferencias por sexo.

Igualmente reconocen que los hombres son más propensos a ingresar en un servicio de urgencias después de las lesiones accidentales, tienen más probabilidades de tener una lesión deportiva, y de tener accidentes de tráfico, además de tener más posibilidades de tener trabajos de mayor riesgo que las mujeres.

No obstante destaca que las diferencias sexuales en el comportamiento de búsqueda del riesgo se han reportado desde una edad temprana, lo que plantea interrogantes sobre el grado en que estos comportamientos pueden ser atribuidos exclusivamente a diferencias sociales o culturales.

Weitzler

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