(Reuters).- Un portaaviones estadounidense comenzó este jueves a descargar agua y alimentos en el devastado centro de Filipinas, el área más afectada por el tifón Haiyan, mientras que el presidente Benigno Aquino enfrentaba una creciente presión para acelerar la distribución de suministros.

Las autoridades locales comenzaron a enterrar a las víctimas, un aspecto importante aunque desagradable para una ciudad destruida por uno de los tifones más poderosos del mundo y un muro de agua similar a un tsunami que dejaron miles de muertos.

“Aún hay cadáveres en el camino”, dijo Alfred Romualdez, el alcalde de la capital devastada de Leyte, Tacloban, una ciudad de 220.000 personas reducida a escombros en la provincia más afectada del país.

“Es atemorizante. Recibimos una petición de una comunidad para ir a recoger cuerpos, diciendo que son cinco o 10. Cuando llegamos allí son 40”, describió.

Muchos propietarios de estaciones de servicio que no sufrieron daños se niegan a reabrirlas, dejando poco combustible para los camiones necesarios para trasladar los suministros y los equipos médicos a las zonas devastadas, casi una semana después del paso de la poderosa tormenta.

“La opción es utilizar el mismo camión ya sea para distribuir alimentos o recoger los cuerpos”, agregó Romualdez.

El portaaviones estadounidense USS George Washington y otros buques arribaron a las costas de la golpeada provincia oriental de Samar, con 5.000 tripulantes y más de 80 aviones.

En la denominada “Operación Damayan”, el portaaviones George Washington y dos buques crucero tomaron posiciones frente a la costa de la isla de Samar para evaluar el daño y prestar apoyo logístico y de emergencia.

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