La fuerza de las personas organizadas, que se nutren de esperanza para convertirla en respeto, inclusión y soluciones ante el modelo económico es la fuente de inspiración que encontró el destacado pintor Rubén Schneider para crear su colección “Chile está en la calle” que presenta como homenaje personal a los movimientos sociales y que inaugura el jueves a las 19 horas en la Sala Hardy Wistuba de la Casa del Arte Diego Rivera.

 

Con el apoyo de la Corporación Cultural de Puerto Montt, el artista llega con esta muestra tras ser destacado en la ceremonia de entrega del Premio Regional de Arte y Cultura 2013 que organizó el CNCA Los Lagos y que recayó finalmente en el pintor Guillermo Grez.

La exposición, de fuerte compromiso social y político, es un homenaje a la contribución de los movimientos sociales ocurrido en los últimos años en el país, removiendo los pilares de nuestra sociedad en su forma y fondo, desde el sentido común al sueño y la esperanza.

EL MODELO INTOXICADOR

La intoxicación que produjo un modelo económico impuesto por la dictadura, dijo el artista, perpetuado y perfeccionado en democracia por más de 40 años, fisuró todos los ámbitos de la ética y del bien común permeando todos los estamentos de lo público y lo privado hasta hacerlo insostenible dado los niveles de injusticia e insensatez.

“Esta crisis público privado se da en un contexto donde se anula la participación y el rol fiscalizador del Estado y se da rienda suelta al mercado como motor regulador de la actividad humana, permitida por un ablandamiento de una constitución hecha a su medida, en desmedro del bien común”, agregó.

Rubén Schneider destacó que el hundimiento de la confianza en el otro, gatilló la desesperanza de toda una generación, que vio cómo década tras década fue siendo despojada de derechos y sueños, “teniendo que aceptar vivir en un país al que ellos no estaban invitados en la idea de desarrollo y progreso”, acusó.

LA CALLE COMO ESCENARIO

Esta marginalidad de expectativas, según la opinión del artista, vio con espanto cómo ante sus ojos se levantaba un Chile aparte. Esplendoroso y distante, opulento y excluyente.

“Entonces nacen los movimientos sociales como un grito para decirnos que otro Chile es posible, que los sueños no han muerto, que hay aún una reserva ética que hay que salvar y por la cual es digno luchar”, subrayó.

La calle se transforma así en el escenario donde se manifiesta y articula el grito y la opinión de “los nadie” por exigir y ser parte del destino de sus sueños y esperanzas, para ser escuchados e incluidos después de tanto destierro y atropello.

“Hoy gracias a los movimientos sociales la agenda política transversalmente se ha visto obligada a incluir en su discurso sus temas y demandas. Chile cambió, se dice, en realidad aún no ha cambiado nada, pero sí hay conciencia de que si no se hacen los cambios, las personas no se quedaran en sus casas esperando 40 años más”, añadió.

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