Columna de opinión de Iván Moreira, senador por la Región de Los Lagos

Mucho hemos escuchado estos últimos días sobre un eventual cambio de gabinete y de intendentes. Sobre todo después de conocer los resultados de las últimas encuestas Adimark y Cep que castigaron fuertemente la aprobación ciudadana del gobierno y sus reformas.

Por su parte, el gobierno hace varios meses que viene repitiendo que el problema es que sus ministros tienen que trabajar más y difundir mejor las reformas. Sin embargo, la aprobación ciudadana sigue cayendo. Lo que el gobierno tiene que plantearse es que probablemente su diagnóstico está equivocado y la sistemática caída en las encuestas no tiene su causa en que la población no logra entender las reformas, ni tampoco en que sus ministros no están trabajando, ni que existe una campaña del terror por parte de la oposición.

Simplemente el problema es que la ciudadanía no está de acuerdo con la conducción política y el contenido de las reformas que están promoviendo. Es lamentable ver cómo la Presidenta pierde en uno de los atributos que más réditos políticos le ha dado: la imagen de ser una persona cercana con la gente, por el solo hecho de insistir, por motivos ideológicas, en reformas que la ciudadanía mayoritariamente rechaza. Existe, por lo tanto, una desconexión entre lo que la ciudadanía quiere y espera del gobierno con lo que este último está haciendo. Y esto tiene sentido cuando vemos la situación actual de Chile en las materias de las principales reformas. Así, se observa que la gente percibió que la reforma tributaria no va en la dirección correcta y por eso el gobierno en conducción de la economía tiene un 57% de desaprobación (Adimark). Y las personas no se equivocan. Con el gobierno del Presidente Piñera la economía de Chile era la más dinámica entre los países miembros de la OCDE, en cambio en tan solo 9 meses el actual gobierno nos ha dejado en el puesto número 20 y, además, se han perdido más de 100 mil empleos.

Aunque en materia educacional los efectos de las malas decisiones se ven a largo plazo, podemos ver que la ciudadanía se resiste ante una reforma educacional que percibe como una amenaza a los logros que han alcanzado con el actual sistema, que por supuesto, se puede mejorar, pero no por eso se debe destruir todo lo que se ha avanzado. Solo basta recordar que con el sistema actual el acceso a la universidad se ha multiplicado de manera sorprendente; la prueba PISA el año 2013 nos arrojó como resultado que nuestros estudiantes están en el primer lugar de Latinoamérica en matemática, lenguaje y ciencia, superando en 8 puestos a Argentina, lo que representa un progreso significativo en nuestros últimos 10 años; y la UNESCO hace unos días atrás estableció que los alumnos chilenos ocupan el 1° lugar de Latinoamérica en matemáticas. Los apoderados saben que hoy sus hijos pueden ir a colegios particulares subvencionados que ellos han elegido y que si bien es cierto, muchos de estos establecimientos hay que fiscalizar mejor y exigirles cada vez más, son colegios que hace décadas atrás Chile no se imaginaba. Por eso debemos seguir avanzando, pero sin pasar la retroexcavadora sobre las cosas buenas que Chile ha conquistado.

Se pueden cambiar a todos los ministros e intendentes del gobierno, pero si no se cambia el rumbo de lo que se está tratando de imponer a los chilenos, las encuestas seguirán castigando al gobierno, nuestra economía seguirá cayendo y los efectos de una mala reforma educacional se verán reflejado muchos años después, perjudicando a generaciones completas.

 

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