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Guillermo Morales

(Reuters) – El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, enfrentaba el jueves una creciente presión de líderes mundiales para que no lance ataques militares contra Siria, en una cumbre donde la economía global era eclipsada por el conflicto.

Cementerio Parque Esperanza

El Grupo de las 20 economías desarrolladas y en vías de desarrollo (G-20) se reunía en San Petersburgo para tratar de forjar un frente unido sobre crecimiento económico, comercio, transparencia de la banca y combate a la evasión tributaria.

Pero el grupo, que abarca a dos tercios de la población mundial y a un 90 por ciento de su producción, está dividido sobre temas que van desde la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de terminar con su programa de estímulo para la economía hasta la guerra civil en Siria.

El mandatario ruso, Vladimir Putin, quiere usar la reunión para convencer a Obama de que no lance una acción militar contra el presidente sirio, Bashar al-Assad, por un ataque con armas químicas del que Washington culpa a fuerzas gubernamentales.

El primer round en la cumbre fue para Putin, dado que la Unión Europea y el Papa Francisco -en una carta a los líderes del G-20- se alinearon más con él que con Obama sobre la posibilidad y legitimidad de una intervención armada.

“Una acción militar tendría un impacto negativo sobre la economía global, especialmente sobre el precio del petróleo; causará un alza en el precio del petróleo”, dijo el viceministro de Finanzas de China, Zhu Guangyao.

Líderes del grupo BRICS de economías emergentes expresaron preocupación durante las conversaciones del G-20 de que un ataque militar contra Siria pueda dañar a la economía mundial, dijo el portavoz de Putin.

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