Sólo dos semanas y media después de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció un histórico intercambio de prisioneros y el restablecimiento de los lazos con Cuba, su nueva política está topando con obstáculos que amenazan con estallar cuando el Congreso retome sus funciones.

Las dudas que rodean al desempeño de Cuba en materia de derechos humanos y una prometida liberación de detenidos tienen el potencial de inflamar las pasiones contra el Gobierno de la isla en el Capitolio.

Todavía falta ver si en el largo plazo los obstáculos terminarán siendo algo más que frenos de velocidad en la vía a una distensión más amplia.

Pero como mínimo, esos obstáculos sí muestran cómo es que los beneficios de que Obama desmantele medio siglo de aislamiento contra Cuba no serán evidentes en el corto plazo ni estarán libres de debates rencorosos.

El martes, el Gobierno de Raúl Castro detuvo a más de 50 activistas para frustrar una protesta no autorizada, demostrando que va a seguir reprimiendo a los disidentes.

El jueves, los activistas informaron nuevas detenciones.

La represión motivó fuertes críticas del Departamento de Estado de Estados Unidos. Para el fin de semana se había liberado a todos los detenidos, según informaron los disidentes.

Weitzler

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